EL APRENDIZ DE CHAMÁN

EL APRENDIZ DE CHAMÁN

EL APRENDIZ DE CHAMÁN

Por Martín Ribes

Formador en Chamanismo Práctico Contemporáneo®

www.epopteia.es

“Hasta que lo inconsciente no se haga
consciente, tu subconsciente seguirá dirigiendo tu vida

y lo llamarás destino.”

– Carl Jung –

¿Sabías que todos tenemos el don de la sanación? Y
te preguntarás: ¿Por qué unos lo desarrollan naturalmente y otros necesitan
hacer una formación? Para contestar a estas  preguntas primero habría que señalar algunas diferencias
entre el terapeuta y el sanador.

Ambos pueden sanar de forma igualmente eficaz
puesto que cuentan con la intención genuina de querer ayudar a reestablecer el
equilibrio en aquel miembro de su comunidad que lo necesita. Es decir, trabajan
con el corazón.

Al sanador normalmente le cuesta limitarse a alguna
técnica o terapia en particular. Su destreza sanadora la manifiesta gracias a
su capacidad de alcanzar, por medio de diversos rituales, un estado de
conciencia elevado el cual le permite canalizar la energía sanadora. Este sería
el típico procedimiento que llevan a cabo los chamanes.

En el chamanismo se enseñan ciertas técnicas para
facilitar la sanación pero una gran parte de la sesión curativa viene dada por
lo que los indios shipibos denominan “dejar hacer”. Es decir, el chamán pide a
sus Guías del Mundo Invisible que actúen a través de él y a partir de entonces
uno debe mantenerse en modo observación y canalizar los cánticos, visiones y
movimientos corporales que le vengan inspirados en ese momento. La mente
pensante, sobre todo la occidental, puede que no entienda qué está haciendo,
viendo o diciendo, pero ha de mantenerse al margen y continuar hasta que así se
lo indiquen sus Guías. La acción que al canalizador de primeras le puede
resultar incomprensible, al receptor de la sanación va a generarle un alivio de
un dolor físico o emocional que seguro agradecerá infinitamente al canalizador.

El chamán no se levanta un buen día y se pone a
hacer milagros así sin más. Ha necesitado varios años de trabajo interno y
entrenamiento constante para alcanzar un estado elevado de conciencia desde el
que vive su día a día y opera en las sesiones curativas. Su compromiso personal
le ha permitido el dominio sobre su mundo interior: que su inconsciente le sea
cada vez más consciente. Y este inconsciente es el que favorece que sanes con
tan sólo estar en su presencia.

El terapeuta o aprendiz de chamán, mediante una
formación adecuada, también puede alcanzar estos estados de conciencia, aunque
sea momentáneamente
, y convertirse en un canal de sanación potente desde el
que puede operar y ejecutar con éxito sus prácticas sanadoras. Si entra a
menudo en estos estados de conciencia su inconsciente se irá haciendo cada vez más
conocido y su conciencia se expandirá. Con tesón, práctica y alegría, esto le
llevará con el paso del tiempo a convertirse en un buen sanador o en un buen
chamán.

Es de suma importancia que tanto el sanador como el
terapeuta se responsabilicen de su trabajo personal, cuanto más intenso mejor.
Su éxito en la respuesta de sus clientes va a depender de que integren el entendimiento
de que cada individuo es la fuente creadora y responsable (que no culpable) de
todo lo que acontece en su vida. Empezando por la vida propia.

Cabe destacar también la diferencia entre una
técnica y un ritual. Una técnica es una metodología previsible mientras que en
un ritual de sanación se utiliza sobretodo la intuición sin saber cuál será el
siguiente paso a dar. Es por esta razón que, en ocasiones, al sanador le puede
costar creer en sus capacidades curativas y desee huir de ello. Puede que
quiera esconderse sin compartir su don y se recluya, aun a sabiendas de que ha
llegado el momento de ofrecer su regalo y de que no avanzará más si no sale al
mundo para poder fortalecer su fe, para que la comunidad pueda beber de su
medicina y podamos oír su música.

Y aquí es donde las formaciones de calidad en
terapias complementarias juegan un papel importante para el sanador intuitivo. Proporcionar
cierta dosis de estructura a su práctica, siendo siempre flexible, le puede ayudar
a dar forma a lo que antes hacía de manera intuitiva y dotarlo de mayor coherencia
y seguridad lo que va a potenciar su efectividad. En una formación, el sanador
al compartir con otros sanadores las experiencias transpersonales que ha
tenido, se siente comprendido, respaldado y, sobre todo, respetado. Esto es
sumamente aliviador y terapéutico para personas muy sensibles, con grandes
capacidades sensoriales, que les toca vivir en un entorno tan racional como el de
nuestra cultura occidental, centrada mayormente en lo es demostrado empíricamente.
Aunque de esto, parece que cada vez va a ir quedando menos.

El terapeuta o aprendiz de chamán que pueda tener
una mente muy estructurada y racional también puede beneficiarse de una
formación mayoritariamente experiencial y enfocada en la expansión de conciencia.
Esto le permitirá ampliar sus límites egóicos, abrirse a nuevas realidades y
ensanchar su canal para encauzar mayor energía sanadora.

En definitiva, el don sanador, nos venga despierto
de serie o lo despertemos en una formación, todos lo llevamos dentro. Pero hay
que regar esa semilla con un poco de estructura y abonarla con la intuición.

Feliz senda del Aprendiz de Chamán…Ahó!

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